Rafael Nadal y la gestión empresarial

Ayer me consultó un reconocido cirujano plástico sobre cómo reconvertir su actividad en una empresa rentable.

Menuda cuestión…

El problema es que él es como Nadal, la gente lo quiere ver jugar a Rafael y en el caso del cirujano quieren ser atendidos y operados por él y no por su equipo.

Nos encontramos con un caso que se da bastante asiduamente en abogados, médicos, artistas y deportistas.

Ellos tienen una habilidad especial y la gente quiere sus servicios personales y no un servicio con su marca.

O sea que en estos casos no pueden delegar su actividad.

Pero a diferencia de Rafa, estos profesionales no son ídolos populares y por tanto no pueden promocionar masivamente bienes de terceros o hacer su propia marca de indumentaria o su perfume.

Nos encontramos con el problema del taxista que dice que “el mejor taxista del mundo no puede manejar más de un taxi a la vez”.

La cosa se pone peor cuando vemos que la curva de la ventaja competitiva es cada vez más corta y no se puede dejar de cuidar el negocio ni un instante porque la competencia les pasa por encima.

O sea que hay que estar capacitándose, equipándose, posicionándose y eficientizando la gestión continuamente para acceder a una ganancia, no renta, que permita la subsistencia del negocio, dicho de otra forma, mantener el autoempleo.

¿Qué hacer entonces para aumentar la facturación, lograr rentabilidad y multiplicar el tiempo?

Algunas opciones que podríamos analizar son:

  • Vender contenidos, información en forma de libros, audios o videos. Podrían ser recomendaciones, clases, consejos.
  • Asesoría online para disminuir tiempos de desplazamientos.
  • Transferencia de confianza y credibilidad a negocios relacionados a cambio de una participación o comisión.
  • Brindar servicios adicionales vinculados con la actividad pero operados exclusivamente por colaboradores.
  • Integrar servicios para atrás (lo que ocurre antes del servicio profesional o hacia adelante (lo que ocurre luego del servicio profesional).
  • Ofrecer abonos o servicios de seguro que aseguren un flujo constante de dinero.
  • Aumentar los precios, es una excelente forma de regular la demanda al tiempo que aumentamos la rentabilidad.

¿Qué se necesita para hacer todo esto?

Crear una marca, instalarla en el mercado, más precisamente en la mente del consumidor.

Nuestras marcas deben poseer valor y este debe ser percibido por nuestro mercado.

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Una vez que la marca (personal) se haya instalado y esté cargada de valor podremos explotar sus atributos de firma, personalismo, de procedencia o psicológico.

De todas maneras estas situaciones son complejas y no siempre existe la posibilidad de sistematizar y delegar tareas manteniendo el valor percibido y la satisfacción del cliente.

Es por eso que muchas veces vemos que grandes deportistas invierten en negocios inmobiliarios u otros totalmente ajenos a su profesión porque no existen posibilidades de explotar su marca personal.

Lamentablemente no todo tiene solución o la solución que le funciona a unos no es aplicable a otros casos.

Deja tus preguntas y comentarios en el formulario que aparece abajo o presionando en “Añadir un comentario”. Yo personalmente responderé tus comentarios.

Gracias…

Santiago Botas – Consultor de gestión empresarial
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